Esta película logra
cautivar, pero lo que hace más interesante la historia, es la bella amistad que
se forma entre Bruno y Shmuel, un niño judío que está prisionero en el campo de
concentración, con el que logra verse y jugar a través de una reja que rodea el
campo de Auswitch. Esto demuestra que la tolerancia es capaz de juntar dos pueblos
que se odiaban.
Todo el rencor que se tenían judíos
y nazis viene desde Adolf Hitler, quien deseaba que la raza alemana fuera la única
raza en el planeta, por lo que aprisionaba y mataba a cualquier otra persona
que no cumpliera con sus ideales o su prototipo físico, como es el caso de los judíos.
Esta obra nos muestra todo el
horror, las injusticias, la discriminación, donde Bruno, con toda su inocencia,
no tiene prejuicios ante Shmuel, ve a todas las personas iguales y no entiende
la actitud de su padre ni la de los nazis en general, hacia los judíos, que
desde una total inocencia él llama “los granjeros”
La madre de
Bruno no deseaba vivir en este sitio, ya que no le gustaba lo que sucedía con
el pueblo judío, pero por miedo a repercusiones o a su mismo marido, no expresaba
muy a menudo sus pensamientos, ya que podrían provocar su muerte o la de algún familiar
querido.
La película en
sí, nos muestra lo infame que fue este periodo dentro de la historia de la
humanidad, pero nos sirve para reflexionar y para que nunca más se vuelven a
cometer tales injusticias y atrocidades, y para aprender de nuestros errores.